¡El reggae en el recôncavo baiano: notas sobre música e identidad!
El Reggae, ritmo musical que se desarrolló en Jamaica, surge cuando una de las formas musicales nativas, el mento, se deja contaminar por el rhythm'n blues. Con la inclusión del ska y su evolución hacia el rock steady, posteriormente se incorporan todos los elementos que darían origen al ritmo y también al movimiento. A partir de la década de los sesenta, los procesos de industrialización y urbanización en Jamaica provocaron un flujo migratorio importante para la formación y proyección del reggae. En ese contexto, la figura del jamaicano Bob Marley asume importancia fundamental en la propagación del mensaje rasta por el mundo. Considerado el ídolo mayor del reggae en Jamaica y también en Brasil, Marley llegó a visitar la capital baiana en 1980.
La aparición de la música reggae en Salvador, sin embargo, se da mucho antes de la ilustre visita, ya en la década de los setenta. El reggae fue citado por Caetano Veloso en 1972 en el LP Transa, cuyos arreglos fueron hechos por Jards Macalé, y cantado por Gilberto Gil en 1979 en una versión de No woman no cry de Bob Marley. El ritmo ganó forma y colores especiales en los trabajos de Chico Evangelista & Jorge Alfredo y posteriormente con Lazzo Matumbi, que grabó el compacto Guarajuba acompañado por los músicos de la banda Studio 5. En la década de los ochenta surgen nombres como Nengo Vieira, Remanescentes, Terceiro Mundo, Dionorina, Geraldo Cristal y Ubaldo Warú. Pero el primer baiano en explorar el género y posicionamiento rastafari en los medios fue el cachoeirano Edson Gomes, en su LP Reggae Resistência, en 1988. En esa época, mientras la industria del axé apenas engatinaba, él vendía 100.000 discos en todo el Nordeste. Diez años después, en 1998, Sine Calmon prendió Fogo na Babilônia durante el carnaval de Salvador. De ahí en adelante, como señal de los tiempos, una generación de regueiros cachoeiranos viene diversificando la escena local.
No hay forma de precisar el momento exacto en que el reggae llegó a Cachoeira — ciudad bucólica afro-barroca del recôncavo — pero fue más o menos en la década de los setenta que comenzaron a formarse bandas del género en la ciudad. Edificada a orillas del Río Paraguaçú, la ciudad de Cachoeira es bien conocida por sus casarones, construidos con los capitales de los tiempos áureos de la caña y el tabaco. Cachoeira también tuvo en el comercio fluvial una de sus principales actividades económicas. La tradición cultural y la religiosidad son rasgos fuertes de su pueblo, que también abrazó la música como forma de expresión. Sus manifestaciones populares casi siempre traen la música y no incorporan solo ritmos regionales, ya que además del samba (Tia Ciata, la patrona de las escuelas de samba de Río de Janeiro era cachoeirana), otro ritmo africano también encontró en la ciudad más negra del interior baiano acogida inmediata.
En el plano de la música popular, el proceso de integración del gusto medio de los países periféricos a patrones preestablecidos promovido de inicio solo por las grandes fábricas de disco, la radio, el cine, la televisión y pronto por la moderna industria dirigida al ocio urbano (aparatos sonoros, juke-boxes, cintas de grabación de sonido, de video, instrumentos musicales electrónicos, espectáculos de masas, etc.), comenzó a funcionar en Brasil desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En el caso en foco, el ritmo aparece en Cachoeira cuando el "milagro brasileño" llega al recôncavo baiano con la tecnología petroquímica implantada en lugar de los antiguos cañaverales, trayendo consigo las tecnologías de comunicación y las novedades de la industria fonográfica.
El reggae hecho en el recôncavo sigue el estilo más tradicional del género jamaicano, conocido como "roots reggae" o "reggae de raíz"; con tiempo 4/4, bajo adelante en tono grave, exploración melódica variada e incorporación máxima de la batería. Además de la empatía étnica, encontró en Cachoeira buenos motivos para florecer: ensimismamiento económico, letargia social y un fuerte vena creativa popular.
Esta preocupación tan nítida, evidenciada a través de la forma más tradicional de hacer reggae, refuerza la mítica cultivada en varios ambientes baianos, de que en el Recôncavo, más específicamente en Cachoeira, estaría la esencia del reggae brasileño. La patria negra y musical cuyo ethos posibilitó el surgimiento de muchos artistas, entre ellos, Caetano Veloso, de la ciudad vecina de Santo Amaro.
La utilización de la música afroamericana y las tecnologías de comunicación contemporáneas llevaron al desarrollo del reggae jamaicano, su apropiación y reinvención con la emergencia de los blocos afro-baianos. El poeta/antropólogo Antonio Risério afirma que el reggae tuvo un papel importante en la aproximación entre las estrellas de la música popular brasileña y el sonido de los afoxés. Para él, la ola artística jamaicana tuvo un parentesco estructural, rítmico, con los afoxés. Risério argumenta que la dulce música de Jamaica se encuentra estructuralmente muy próxima de ciertas manifestaciones musicales brasileñas, como el xote y el ijexá. En ese contexto, la proyección del reggae jamaicano está fuertemente ligada al proceso de "reafricanización" del carnaval baiano y de la emergencia de la "blackitude baiana" (expresión del poeta Waly Salomão).
Para Paul Gilroy, la música y las prácticas culturales y sociales de origen africano en la diáspora negra son portadoras de un mundo mejor y de una crítica salvaje al capitalismo y a Occidente. En este contexto, el reggae sería una de las expresiones más importantes para determinadas poblaciones. O, en algunas situaciones bien delimitadas, la expresión adecuada al nivel sociocultural y a las características de algunas comunidades en su esfuerzo de reconstrucción identitaria. Todos los elementos referidos sugieren alguna determinación para la adopción del reggae por esa población, pero sea cual sea el elemento de identificación más importante para esta, el reggae se convirtió en referencia estética, tribuna de movilización, fenómeno social importante.
El primer grupo cachoeirano en asumir estéticamente una postura "rasta" fue Remanescentes, formado en 1986 y que tenía como uno de sus líderes al músico Nengo Vieira. La presencia de Nengo Vieira, músico de Cachoeira conocido como uno de los precursores de la música reggae en el Recôncavo, consta en los testimonios que recogí como un actor de importancia fundamental en la historia del reggae baiano. En la década de los ochenta, su casa en Alto das Pombas, en el barrio Federação, se constituía en un punto de encuentro para los músicos aficionados al ritmo. En ella se formó el grupo Remanescentes y llegaron a ensayar también Edson Gomes, Sine Calmon, Gerônimo, Lazzo y por extensión, hasta Raul Seixas.
Tras la fundación del grupo, Nengo Vieira, Sine Calmon, Marco Oliveira y Tim Tim Gomes volvieron a morar en Cachoeira y trabajaron juntos por casi diez años. La lectura, la convivencia, la postura y la opción de vida, inclusive la deliberada elección de la ciudad de residencia, todo eso componía la escenografía de los músicos adeptos del fumo y de la adoración a Jesús. Remanescentes fue un grupo alternativo comunitario que, según sus exintegrantes, tenía como objetivo llevar el mensaje del evangelio a través del reggae. Adoptaban la estética rastafari, pero tenían una forma propia de religión.
Aunque tuvieran dreads, fumaran ganja, Remanescentes hacían una interpretación de la Biblia dentro de los moldes protestantes y tenían como ídolo a Jesucristo. El grupo, que tenía como uno de sus admiradores al empresario Wesley Rangel, llegó a grabar un fonograma en los estudios de WR.
Su presencia e influencia fueron responsables del dinamismo artístico y "explosión" musical en la región e influyeron a jóvenes de la capital. Actualmente existen cerca de ocho artistas/bandas de reggae creados en la ciudad: Edson Gomes, Tim Tim Gomes, Eddie Brown, Nengo Vieira & Tribo d'Abraão, Sine Calmon & Morrão Fumegante, Dystorção, Jah Live y Só as Cabeças. En los últimos años, algunos de esos músicos migraron a Salvador con el objetivo de divulgar sus trabajos. A partir de 1996 el Pelourinho se constituye como uno de los circuitos para esas presentaciones. Los bares Novo Tempo y Babilônia y el Hotel Pelourinho fueron escenarios donde se presentaron hasta 1998 los cachoeiranos Sine Calmon, Edson Gomes, Nengo Vieira y Marco Oliveira. Con el término de las actividades de la Banda Os Remanescentes sus cuatro líderes formaron otras bandas.
Fue más o menos en esa época que algunos músicos soteropolitanos trabajaron con esos artistas. A través de entrevistas hechas con músicos de bandas soteropolitanas emergentes (Adão Negro y Diamba) se confirmó la hipótesis de que el reggae de Cachoeira sería una gran referencia y fuente de inspiración para sus respectivos trabajos. Algunos de esos músicos llegaron incluso a trabajar con los regueiros cachoeiranos y los tienen como sus maestros.
De cuna del samba a centro del reggae, Cachoeira presenció el ensayo de una generación de músicos que buscó en la autenticidad rasta la reconstrucción estética y social de la gente afro del recôncavo. La identidad político-existencial con el mensaje rasta aproximó a jóvenes de clase media y pobre del ritmo jamaicano, que fue aculturado en el Recôncavo. Además del contexto histórico-cultural, del espacio étnico muy apropiado y de las semejanzas — Jamaica y Cachoeira se recrean entre los regueiros locales en una cultura donde la música está en todo: es fuerte en la religión, central en las procesiones y ritos del trance del candomblé, viva en los folguedos y más, allí, principalmente para la juventud pobre viabilizarse, hablar de sus problemas y buscar la ascensión en la estancamiento de una economía estancada.
Por fin, la apropiación estética del reggae como la del rock, se hace por quienes se consideran próximos o dentro del círculo de quienes se sienten identificados y se da, entre otras cosas, por la accesibilidad y similaridad con quienes, excluidos, toman por la vereda de la música una carona hacia el mundo de la cultura de masas y de la ciudadanía.
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