¡El Grupo Instituto cuestiona la autoría en el CD!
Involuntariamente, el grupo Instituto viene a echar más pimienta en la acalorada discusión de la MPB sobre numeración de discos, autoría, derecho de autor, formatos musicales, renovación artística, etc. No es que los cuatro muchachos organizados en torno al también naciente sello Instituto tengan opinión firme sobre tales asuntos. Su intervención nace ya a partir de la dificultad de conceptualizar lo que son y lo que es su primer disco, "Coleção Nacional". Rica Amabis, 28, Tejo Damasceno, 26, y Daniel Ganja Man, 24, son productores musicales en São Paulo. Rodrigo Silveira, 24, es programador visual. Juntos, no forman un grupo musical, dicen.
"Instituto es un sello, un estudio y un proyecto musical", intenta explicar Silveira. ""Coleção Nacional" es una compilación que produjimos para presentarlo", continúa Damasceno. "Instituto es un núcleo de producción. Es un concepto nuevo", ataja Amabis, vacilante.
Aunque más o menos novatos, los muchachos ya tienen militancia en el nuevo pop. Actúan en la producción técnica del recién lanzado CD de los Racionais. Co-produjeron la banda sonora de la película "O Invasor", protagonizada por el rapper Sabotage. Firmarán seis pistas del nuevo de Nação Zumbi. Rica Amabis lanzó el CD solista "Sambadelic" (99).
"Nosotros no somos banda, ni artistas. Yo soy productor y programo samples. Ganja Man es productor, pero también es músico", define Damasceno. "Yo soy más productor y técnico de sonido, no me considero músico", afirma Amabis. "Es una cultura en la que el productor acaba volviéndose un poco artista", admite por fin Damasceno.
El texto de presentación del disco para la prensa, elaborado por el productor y periodista Alex Antunes, es más incisivo: "¿Qué es un productor, qué es un DJ, qué es un artista solista, qué es un 'proyecto'?
En la música pop actual las barreras entre categorías vienen siendo anárquicamente borradas e ignoradas por una generación para quien la tecnología es apenas un encendedor para acender la mecha de la creatividad, y la 'firma' es una oportunidad más para desbaratar la noción de autoría". Continúa Antunes: "Remixes en los que no aparece nada de la grabación original, o la aparición del llamado 'bastard pop', donde muchachos simplemente acoplan samples de dos o más músicas, a revelía de disqueras, para crear un hit instantáneo por internet —este es un mundo de pesadilla para los carceleros de la cultura".
Los propios "muchachos" del Instituto se encargan de echar agua fría pesimista en el entusiasmo teórico de Antunes: "Alex está loco por inventar movimiento y poner manifiesto en todo", ríe Amabis. "Solo queremos juntar una gente que curte los mismos sonidos —samba, reggae, electrónica, hip hop, un poco de jazz", simplifica.
La "gente" no es nada pequeña. Se alternan por 14 pistas, casi siempre bajo supervisión del núcleo central, nombres de vanguardia del hip hop (Sabotage, Rappin' Hood, Z'África Brasil, BNegão, Zé Gonzales), exponentes del mangue beat (Fred Zero Quatro, Otto, Nação Zumbi bajo el seudónimo Los Sebosos Postizos), muchachos post-mangue beat (Bonsucesso Samba Clube), artistas pop gaúchos (el lunático Flu, miembros de Ultramen y de la Comunidade Nin-Jitsu, reunidos bajo el apodo Traidores da Babilônia), cánones de la tradición (Cila do Coco), etc.
También la explicación para tanta congregación de músicos es prosaica. "Parece que fue complicado hacer, pero no fue. Todo el mundo es amigo, aparece en casa. Íbamos grabando", cuenta Damasceno, dueño de la casa/estudio/gravadora/instituto.
Uno de los preceptos del Instituto es intervenir sobre el trabajo de cada invitado. Sabotage canta samba, la letra de Rappin' Hood prácticamente desaparece en la mezcla final, Fred Zero Quatro va de reggae, el rapper Fernandinho Beatbox (del Z'África Brasil) hace percusión vocal en tiempo de samba, etc. "El CD entero es de gente haciendo cosas que no hace normalmente", dice Damasceno.
La autoría también se vuelve concepto esfumado en el imaginario visual de "Coleção Nacional", que retrata personas en situaciones cotidianas, pero siempre con el rostro escondido por toalla blanca con logotipo rojo del Instituto. Si eso simboliza el proceso de extinción del autor, ni ahí los muchachos son afirmativos: "Es una broma no premeditada, que ha rendido varias interpretaciones", dice Silveira. "Las fotos también juegan con el terrorismo, con no ser identificado", entrega Damasceno. "¿Quiénes son los tipos detrás de las toallas?", pregunta Silveira. Son el Instituto.
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