PERÍODO BÍBLICO
La Biblia hebrea - que, con la excepción de algunos libros, coincide esencialmente con el Antiguo Testamento cristiano -- narra los hechos fundamentales de la historia del pueblo judío, desde el momento trascendental de su elección y la alianza con Dios. Los judíos dividen su Biblia en tres partes: la Ley (Torá), los Profetas (Neviim) y los Hagiógrafos (Ketuvim).
Alianza y elección. El patriarca de los hebreos, Abraham, vivía en la ciudad de Ur, en Caldea, junto a la desembocadura del Éufrates, en el siglo XX antes de la era cristiana. De allí partió hacia el norte, con su padre, y recibió la orden de Dios: "Deja tu país, tu parentela y la casa de tu padre, para el país que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, engrandeceré tu nombre; ¡sé tú una bendición!"
(Gn 12:1-2).
Tras la llegada de Abraham a la tierra de Canaán (más recientemente conocida como Palestina, para los judíos Tierra de Israel, y donde hoy se localizan el Estado de Israel y Jordania), Yahvé estableció con él una alianza: "A tu posteridad daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río, el río Éufrates"
(Gn 15:18). Y añadió: "Multiplicaré grandemente tu descendencia, de tal modo que no se podrá contar"
(Gn 16:10). Como señal de esta alianza le ordenó: "Que todos vuestros varones sean circuncidados"
(Gn 17:10).
Abraham, su hijo Isaac y su nieto Jacob constituyen la línea patriarcal de referencia del pueblo judío, fiel a la alianza divina. Jacob recibió del Señor un nuevo nombre, Israel, y de sus 12 hijos se originaron las 12 tribus del pueblo judío, los descendientes de Israel, o, como se llamaban, los "hijos de Israel" (Bene Israel).

Patriarca Abraham
Éxodo y establecimiento en Canaán. La segunda etapa decisiva de la historia del pueblo judío comenzó con su liberación de la esclavitud en Egipto (siglo XIII a.C.), donde se habían establecido en la época de la gran sequía. Moisés fue el líder que, por orden de Yahvé, condujo la marcha de cuarenta años a través del desierto para volver a conquistar la tierra de Canaán.
Durante la travesía del desierto, Moisés fijó la ley judía, cuyo núcleo fueron los Diez Mandamientos, grabados en las tablas recibidas de Dios en el monte Sinaí, que abarcaban las creencias, la moral, los rituales y la organización civil del pueblo. Esa ley, la Torá - también llamada ley de Moisés, o ley mosaica --, está contenida en el Pentateuco (Chumash), los cinco libros que constituyen la primera parte de la Biblia, y vendría a ser la fuente de coherencia y unidad del pueblo judío en todos los tiempos y lugares.
Según la tradición, todavía en tiempos de Moisés surgió la ley oral, que se transmitió de esa forma a lo largo de generaciones y solo fue registrada por escrito muchos siglos después. Una vez establecidos en Canaán, la Tierra Prometida, cada tribu en su propio territorio, los hebreos sufrieron la influencia del paganismo y los ataques de filisteos y moabitas.
Surgieron entonces los jueces, como Débora y Sansón, que lideraron al pueblo en épocas de crisis, en la lucha contra los enemigos y en la conducción de un modo de vida adecuado a las leyes de la alianza. Sin embargo, se hizo necesaria la reunificación de las 12 tribus, y Saúl fue ungido rey en el siglo XI a.C. David, su sucesor, conquistó Jerusalén, la transformó en capital del reino y llevó allí el Arca Sagrada, símbolo de la alianza con Dios. Salomón, hijo de David, construyó el primer templo en Jerusalén.
Con su muerte, el reino fue nuevamente dividido: Israel, en el norte, formado por diez tribus, asimiló elementos heréticos en el culto y pronto sucumbió, invadido por los asirios. Su población fue deportada, y las diez tribus desaparecieron desde entonces de la historia judía (varias hipótesis, fantasiosas o no, han asociado etnias contemporáneas a la descendencia de esas tribus). El reino de Judá, en el sur, se centró en Jerusalén y se mantuvo fiel a las tradiciones. Los judíos de hoy descienden principalmente de los habitantes de Judá.
En esa época de decadencia religiosa, política y económica surgieron los grandes profetas de Israel -- Elías, Amós, Isaías -- que exhortaron al pueblo a regresar a la fe tradicional. La visión de la historia como instrumento de Dios, que hace caer la desgracia sobre el pueblo judío como castigo por el incumplimiento de la alianza, fue en parte obra de los profetas.

Los hijos de Jacob con Lea fueron Rubén, Simeón, Leví, Isacar y Zabulón; y por la criada de Lea, Zilpá, Gad y Aser, que eran legalmente considerados de acuerdo con la costumbre de la época como hijos de Lea. Los hijos de Jacob por Raquel fueron José y Benjamín, por la criada de Raquel de nombre Bilhá, Dan y Neftalí.
La Tribu de José se encuentra en la mayoría de las listas y la clasificación de dos tribus nombradas por sus dos hijos Efraín y Manasés. Las Tribus de Israel en los tiempos de Moisés. A pedido de Dios se realizó un censo de los hijos de Israel, involucrando el número de familias, de casas y de varones mayores de veinte años que pudieran ir a la guerra. El pedido fue hecho a Moisés. Se solicitó también que los príncipes de las tribus se unieran a Moisés y Aarón. Los doce príncipes eran:
Elisur (tribu de Rubén)
Selumiel (tribu de Simeón)
Naasón (tribu de Judá)
Natanael (tribu de Isacar)
Eliab (tribu de Zabulón)
Elisama (tribu de Efraín, hijo de José)
Gamaliel (tribu de Manasés, hijo de José)
Abidán (tribu de Benjamín)
Aiezer (tribu de Dan), Pagiel (tribu de Aser)
Eliasaf (tribu de Gad)
Ahira (tribu de Neftalí)
Exilio y restauración. A comienzos del siglo VI a.C., el rey babilonio Nabucodonosor destruyó el templo, saqueó Jerusalén y deportó a su población a Babilonia. Este nuevo exilio espiritual unió al "resto de Israel" bajo la prédica del profeta Ezequiel, dando inicio a una restauración religiosa que preparó otra, de carácter político.
La conquista de Babilonia por Ciro, rey de los medos y de los persas, permitió a los hebreos retornar a la Tierra Prometida, en el año 538 a.C., y reconstruir el templo de Jerusalén, en 515 a.C. Gran parte del pueblo, sin embargo, continuó dispersa de Egipto a India, como una prefiguración de la posterior diáspora (dispersión). Esa restauración religiosa y política es considerada por algunos autores como el verdadero origen de la unidad espiritual del pueblo judío.
Su gran artífice fue Esdras, sacerdote de los judíos de Babilonia, que fue enviado por el rey persa Artajerjes II a Jerusalén para controlar la observancia de la ley mosaica, reconocida, en su carácter civil, para los judíos. Esdras hizo renovar la alianza con Yahvé mediante la lectura de la ley al pueblo durante siete días (y, de manera constante, dos veces por semana).
También renovó el culto en el nuevo templo, aunque continuó la enseñanza en las sinagogas locales, y alentó la esperanza, predicada por los profetas, en la venida de un mesías que instauraría el reino de Dios.
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