¡ONG lucha por cambiar la imagen de los rastafaris desarrollando proyectos de inclusión social en Etiopía!

La imagen de la cultura rastafari, frecuentemente asociada a los largos cabellos y a la pereza, está a punto de cambiar. En Shashemene, Etiopía, la "tierra santa" de esa comunidad, la ONG Federación Mundial Etíope (FME) decidió invertir en la inclusión social con cursos sobre técnicas alternativas de agricultura y programas de desarrollo profesional para adolescentes rastafaris.
Cerca de 100 familias rastafaris viven en la región, a 220km al sur de la capital Addis Abeba. La adoración por el lugar tiene raíces históricas. En 1920, Marcus Garvey, creador de la Asociación Universal de Desarrollo del Negro (Unia, en la sigla en inglés), anunció la venida de un mesías, que haría la repatriación de los negros del mundo a Etiopía.
Se cree que Hailé-Selassié, o Ras Tafari (en el dialecto local), emperador coronado en 1930, tenía esa misión. En 1951, donó 500 hectáreas de tierras en Shashemene a negros caribeños que habían ayudado al país en la guerra contra Italia (1935). Selassié murió en 1975, a los 83 años, recluido en su palacio. El cuerpo fue cremado secretamente por los militares que lo habían depuesto.
La FME coordina dos escuelas: una primaria y otra secundaria e intenta garantizar la posesión de las 500 hectáreas para el entrenamiento y trabajo espiritual. Busca también fondos para el desarrollo tecnológico. El proyecto fue aceptado por las autoridades regionales, pero aún no tiene el aval del gobierno federal. "Los programas son un paso en la dirección correcta, porque dan credibilidad a un movimiento religioso aún en formación" - dice al Lab, Darren J. N. Middleton, profesor de religión de la Universidad Cristiana de Texas.
Las condiciones precarias en que viven y estudian las niñas rastafaris en Etiopía aceleraron el deseo de la ONG de crear un proyecto capaz de mejorar la vida de ellas. "Como rastafaris, somos pro-Etiopía. No queremos ver a nuestros hermanos y hermanas en la pobreza. No queremos ver bebés hambrientos" - evalúa Ras Kabinda, dirigente de la FME, en declaración al periódico sudafricano Mail and Guardian.
La buena intención no barra el prejuicio. Muchas personas, inclusive etíopes, resumen la comunidad a un grupo exótico de seguidores del cantor y compositor Bob Marley que solo baila reggae y fuma sustancias prohibidas en la mayoría de los países. (La marihuana es ampliamente consumida, según los adeptos, por su importancia para la "meditación").
"Estaba con mi novio en una calle en Barbados cuando alguien gritó 'sus rastas imundos'" - cuenta, al Lab, la estudiante canadiense Joanne Turner, adepta de la secta. El movimiento no se reduce a la religión, basada en la libertad de espíritu, en la poca posesión material y en la rechazo al mundo de los blancos - considerado la "Nueva Babilonia" de la envidia y la codicia. Sus adeptos crearon una lengua única y estudian el Antiguo Testamento que, según ellos, pertenecería a los negros africanos descendientes de Abraão y Jacob. Los cristianos blancos habrían alterado esa lectura para mantener a los africanos en una posición inferior.
Los rastas están ligados a la tierra y tienen la preocupación con el otro como base. Buscan reafirmar la historia social y cultural africana y creen tener obligación de luchar contra la opresión y la desigualdad. Los dreads (rastas) en el cabello simbolizan la oposición al capitalismo y son una representación de Selassié, conocido como el León de Judá.
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#Reggae