La trayectoria de Buju Banton no es muy diferente de la de la mayoría de las estrellas jamaicanas. Como muchos chicos que soñaban con seguir una carrera musical, el joven Mark Myrie, nacido en 1972 en Kingston, comenzó desde temprano a luchar por su espacio en el medio musical, frecuentando las dancehall nights en busca de una oportunidad para transmitir su mensaje. Al principio solía cubrir las pausas de los deejays principales, pero poco a poco fue perfeccionando su estilo y haciéndose notar. Aún con catorce años lanzó su primer single. Otros compactos esporádicos fueron grabados, sin mucha repercusión.
Las cosas empezaron a cambiar cuando se le abrieron las puertas del prestigioso estudio/sello Penthouse, del productor Donovan Germaine. Un técnico del estudio lo vio en acción y consiguió organizar una sesión. Alto y dueño de una voz potente, Buju impresionó. Su single de estreno, lanzado en septiembre de 1991, subió directo al tope de las paradas jamaicanas.
Empezaba a caer en gracia del público y cada single se convertía al instante en un hit. Así no fue ninguna sorpresa cuando su álbum 'Mr. Mention', lanzado en 1992 y que reunía varios compactos de éxito, rompió todos los récords de ventas en Jamaica. Buju colocó siete canciones en las paradas, hazaña que ningún artista había conseguido hasta entonces, incluido Bob Marley. La apoteosis llegó en el Sunsplash de 1992, cuando literalmente se robó el espectáculo con una presentación antológica.
De nuevo, como tantos otros artistas jamaicanos, el éxito meteórico le valió un contrato con una gran discográfica norteamericana y se abrieron las puertas del mercado internacional. Su segundo álbum, el excelente 'Voice of Jamaica', lanzado en 1993, solo confirmó todo su talento, dejando claro que Buju Banton tenía mucho que decir, a diferencia de los deejays que se inclinaban por letras llenas de apología a la violencia y al sexo. Pero entonces fue sorprendido por la ola de la corrección política, muy de moda en Estados Unidos.
Una de sus canciones, hecha cuando tenía dieciséis años, contenía referencias groseras a los gays, y fue tomada como ejemplo de intolerancia por organizaciones y activistas homosexuales. El escándalo eclipsó todo su trabajo e incluso el contenido de sus letras — comentarios sociales y políticos, mensaje antiviolencia, referencias respetuosas a las mujeres — fijándose en un punto menor, una especie de desliz de la adolescencia. Algunas emisoras boicotearon el disco, se cancelaron conciertos y salieron reportajes negativos en varias publicaciones. El álbum acabó pasando desapercibido y parecía sumido en un infierno astral.
Pero en Jamaica el caso no tuvo la menor repercusión, sobre todo porque allí la canción en cuestión fue un enorme éxito. El público jamaicano no abandonó a su ídolo y Buju pudo dar la vuelta. Aún en 1993 lanzó el single 'Murderer', comentando la muerte de varios deejays y condenando vehementemente la violencia reinante en Jamaica. Esta canción fue el punto de partida de todo un movimiento que devolvió al Dancehall los mensajes conscientes y positivos. Al mismo tiempo se adhirió a la fe Rastafari, dejando crecer las dreadlocks y adoptando una postura más espiritual.
Muchos dudaron de la sinceridad de sus nuevas actitudes, pero la respuesta a los críticos llegó en 1995 con el inspirado 'Til Shiloh', un clásico no solo del Dancehall sino de toda la música Reggae. En la vinheta a capella que abre y da nombre al disco, expresa su filosofía: "Sentimientos extraños estoy sintiendo / El amor de Jah, siempre creemos en él / Aunque creas que mi fe es en vano / Eternamente cantaremos el nombre de Rastafari".
Buju demuestra que ha madurado, con un trabajo que apunta al futuro del Reggae, uniendo las tradiciones rastas con la moderna tecnología del Dancehall. Según él, su música es la "historia de una sola música. Fue como formé el puente entre dancehall y roots reggae, porque es la misma cultura, solo una sola música. No debe haber diferenciaciones".

