La trayectoria de Dagô Miranda y su grupo, Radical Roots, bien podría compararse con la parábola del sembrador, contenida en el Evangelio según San Mateo. Para quien no haya asistido a clases de catecismo, habla del sembrador que echó sus semillas en la tierra. Unas fueron comidas por los pájaros, otras cayeron en pedregales y se quemaron por falta de buen suelo, y muchas fueron ahogadas entre espinas.
Por fin, una cayó en tierra firme y dio buenos frutos. Y fueron muchas las semillas echadas en São Paulo a principios de los años 90. Fue la época en que la ciudad se transformó en la capital del reggae, gracias a los esfuerzos de tres DJs y locutores. Uno de ellos fue Otávio Rodrigues, que dirigió la Disco Reggae Night en Aeroanta. Los otros dos fueron Jai Mahal y China Kane, que comandaban otro baile dedicado al género jamaicano en Dama Xoc. Hoy extintas, las dos casas sembraron diversos grupos de reggae, muchos de ellos famosos. Entre ellos están los conocidos Skank, Cidade Negra y Tribo de Jah, y Dagô, que lanza su álbum debut tras más de diez años de lucha.
Vayamos directo al punto: Dagô Miranda es uno de los vocalistas más talentosos surgidos en el escenario reggae paulistano. Se inspira en los grandes cantores del roots reggae, género que nunca fue asimilado como debía por aquí (tiene pocos pero fieles seguidores, como Dagô y Tribo de Jah) y que la propia Jamaica ya olvidó cómo se hace — para nuestra tristeza, la isla que gestó a Bob Marley prefiere insolentes reggae men hechos raperos que estrellas de la vieja escuela. El registro de Dagô nos remite al propio Marley y a las vocalizaciones de Jacob Miller, ex cantante de Inner Circle. Se percibe claramente esa influencia en joyas del calibre de Principal y Ser Feliz (Amor).
Radical Roots, a su turno, también es una banda de peso. Hace ese reggae bien marcado, de batería que hace eco del rataplan en los lugares correctos y bajo que estalla en los oídos — pilotados por los nobles Moisés Mota y Sérgio da Conceição. Ambos pulieron el repertorio de Dreadlock en presentaciones por las principales capitales brasileñas. Eso es lo que hace el álbum tan sabroso.
Se trata de reggae roots bien curtido, pero nunca envejecido. Hay buenas pistas para bailar como la canción-título (cuyos metales nos hacen recordar los mejores momentos de Steel Pulse, banda británica de peso). Ana e a Lua trae coros que evocan a las I-Threes, aquella tribu de cantantes que acompañó al viejo Bob, y un bellísimo momento dub. Mama Terra, Ser Feliz (Amor) y Orai, Vigiai (A Babilônia Vai Cair) traen una colaboración entre lo más fino del reggae paulistano con una de las principales autoridades del chacundum de São Luís.
Fauzi Beydoun es el compositor de la primera, coautor de la segunda junto a Dagô Miranda y colabora con el potente vocear de "Beato Salu Rastafari" en la tercera. Cabe destacar también la presencia de la cantante Luciana Simões, del grupo Mystical Roots, en Ser Feliz. Para completar, Dreadlock aún trae un dub, ese género alocado (o "solo de estructura", como bien profesaría el músico Paulo Moura) a cargo del DJ Apollo 9. Volviendo al primer párrafo, Dagô Miranda y Radical Roots son buenas semillas, cultivadas en suelo fértil. Resta esperar que la parábola se confirme, dé fruto y que una llegue a cien, otra a sesenta y otra a treinta.

